Al pan, pan

por Mariana Durán, Licenciada en Nutrición

Hay quienes afirman que luego de respirar, el hecho de comer es el acto que más se repite en la vida de un ser humano.

Los alimentos y la combinación de lo mismos transformados en comida, están presentes en diversas manifestaciones del hombre. En la literatura, el cine, la música y hasta en los dibujos animados aparece esta temática.

En numerosos momentos significativos de la vida, la comida se hace presente, en celebraciones se seleccionan platos adecuados a la ocasión (torta en cumpleaños, turrones en fiestas de fin de año) ...y en lo que respecta a este enfoque, la antropóloga Patricia Aguirre (en el libro de su autoría “Ricos flacos y gordos pobres”) brinda una mirada ampliada de la alimentación, donde plantea categorías en cuanto a la comida considerada para niños (papillas), para adolescentes (hamburguesas), platos “femeninos” (pollo) y “masculinos “ (bife). Alimentos populares (papas, fideos, harinas), alimentos con otro status social (caviar).

Clasificaciones relativas y propias de cada sociedad, en un tiempo y espacio determinado.

Por tal motivo, al reflexionar sobre la comida, el acto de comer ya no parece tan “natural” como suele pensarse. Se conjugan en esta práctica elementos de carácter diverso: biológico, social, político, cultural, entre otros. Y de este interjuego surge la manera “correcta” de combinar los alimentos, las horas y las clases de comidas que hay que ingerir a lo largo del día, del año, con su ciclo de días hábiles y días festivos.

Patricia Aguirre sintetiza lo antedicho: “...la cocina marca a los pueblos y a los sujetos, y les da un sentido de pertenencia e identidad. Esta dimensiones socioculturales de la alimentación, indican que este acto que nos parecía tan sencillo y reiterado, debe ser visto como un hecho complejo, como un evento social, que une lo biológico y lo cultural de una manera tan indisoluble que difícilmente sea posible separarlos...”.

Para pensarlo, ¿no?

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