Cara a cara. Haciendo un mundo nuevo.
César Pibernus
Salud y pobreza, deseo y
realidad. Mauricio Rosencoff
conoció aún más la distancia
entre estas palabras mientras
acompañaba a las familias
cañeras que hace treinta
años vivían en el norte de la
República Oriental del Uruguay.
Allí la miseria fijaba casi comoúnica comida el “ensopado”
que ponía el tenedor dentro
de los artículos de lujo ante
la versatilidad de la cuchara.
Consistía en calentar la pata
de vaca sobre las llamas hasta
poder sacar la pezuña, luego se
hervía el resto junto a fideos y
un puñado de sal. A veces cambiaban
la pata por otra cosa, a
veces acompañaban el hervor
algunas zanahorias, papas,
algo más. La dura jornada del
cañero era certificada por la
cruel dieta que le “correspondía”,
dieta que resulta a simple
vista más injusta que “pintoresca”.
Las infecciones y la
desnutrición galopaban como
hoy entre los pobres, y los
remedios propuestos eran de
otro planeta: “Churrasco, fruta,
leche. Pavada de receta me
mandó el doctor… No ves, fijate. ¡Si hasta me recetó cinco pastillas
con cada comida!”, dijo “El
peludo” al salir de la sala luego
de la consulta.