¿A qué llamamos ‘cultura’?

Juan José Rossi

Los campesinos, obreros, “buscavida”, analfabetos funcionales y analfabetos ¿son cultos o qué?


Con poco margen de error podemos afirmar que en casi toda nuestra población y en sus intelectuales existe la sensación, por no decir "convicción", de que cultura es un objetivo superior, casi un diploma de diferentes categorías a lograr en centros destinados a ese fin, es decir, la escuela primaria, el colegio secundario, el nivel terciario, el universitario y finalmente "el podio" o doctorado.

Según el grado alcanzado en esa escala se supone que la persona es más o menos culta, del “vulgo”, analfabeta o bruta. En tal hipótesis, estos últimos, que también piensan y trabajan desviviéndose para alimentarse, alimentar a su familia y educar a sus hijos, no tendrían "cultura". Solo serían espectadores del mundillo cultural y “piezas” del gran aparato productivo, científico-técnico y gobernante piramidal que puede, o no, considerarlos inteligentes y hábiles (siempre que sean obedientes y sumisos), honestos y tenaces... pero jamás cultos. En cambio, artistas, médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, showman, políticos, religiosos y triunfadores del sistema gracias a “ciertos” estudios y “habilidades”, al dinero o a un supuesto abolengo... ellos sí ¡qué cultos son!

¿Por qué esta sensación generalizada y discriminatoria, aunque se la niegue de bocas afuera y en los libros? Simplemente porque es una lenta y sutil consecuencia de estrategias de un sector de la humanidad que, de una u otra forma y a través de los siglos fue detentando en su beneficio el poder para dominar y someter a los más frágiles y desprotegidos de las sociedades. Desde hace mucho predominan los “sabios” sobre los analfabetos, los “hábiles” sobre los ingenuos, los “propietarios y empresarios” sobre los dependientes y asalariados, los “políticos y frailes” sobre sus representados, los “artistas” sobre los espectadores, el “profesor” frente a sus alumnos.

En nuestro continente, todo comenzó con el obsequio de violentos caballos troyano-españoles hace 5 siglos: las tres carabelas.

Hasta esa mañana, aquí, “cultura” no era un bien o producto en el mercado de la oferta y la demanda, ni era privativa de una elite ‘profesional', política, religiosa o intelectual. “Cultura” era la estrategia misma que el hombre accionaba para sobrevivir lo mejor posible en comunidad a través de diferentes roles y las actividades en función de objetivos y tareas concretas colectivas o privadas como la caza, pesca, recolección, ritos, música, danzas, curaciones, liderazgo, confección de códices, tejeduría, cerámica, diversión, orfebrería, construcción, combates..., la experiencia. En aquellas sociedades nativas existían –y existen– roles, distintas organizaciones, pero se manifestaban dentro de una estrategia de vida común que no daba lugar a la discriminación.

Por el contrario, la estrategia en sí misma y la responsabilidad de la acción constituían ‘la cultura' de cada pueblo y de los individuos. Había, por supuesto, diferencias, mayor o menor habilidad en determinadas tareas, inclusive títulos honoríficos. También diversas especializaciones, control y censura, pero no discriminación. El cacique o chaman era cacique o chaman, no más que un alfarero o tejedor, aún cuando los primeros gozaran de ciertos privilegios en orden a la conducción de la comunidad.

Hasta que llegaron lo invasores europeos, en nuestro continente –de más de 40 mil años de fabulosa experiencia humana y de 70 o más millones de habitantes– cultura era el acontecer humano en sí, el resultado dinámico y cambiante de la estrategia de vida de la especie Homo sapiens sapiens para subsistir y crecer como grupos e individuos en determinados entornos.

Entonces, no es “más culto” el que sabe más sino el que es autosuficiente, ¡si lo dejan! Tampoco el que con su poder económico, tecnológico y político destruye o no defiende nuestro hábitat –porque se siente superior y con derecho–, sino el que lo usa respetándolo para el bien común. Menos aún es “culto” el que tiene habilidad y “herramientas” para someter a la mayoría en beneficio propio sino el que es solidario y creativo en cualquier orden.

 

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